INTRODUCCIÓN

 

Resultado de imagen de SimaginVLADIMIRO Pavlovich Simagin nació en 1919. Desde muy joven comenzó a tomar parte en las competiciones de ajedrez y pronto alcanzó la primera categoría. A los 25 años de edad, en 1944, consigue el título de “Maestro de Ajedrez”. En la década siguiente, brilla su excelente juego en los torneos moscovitas y obtiene en 1962 el título de Gran Maestro. Falleció súbitamente en 1968 disputando el torneo de Kislovodsk.

 

Su peculiar estilo de juego, atrajo poderosamente la atención de los grades maestros y teóricos del ajedrez. Siendo poseedor de una magnífica capacidad para las combinaciones, no trata sin embargo, de crear unas posiciones en las cuales para el triunfo sólo fuese necesaria esta habilidad suya. Se puede decir que las astucias tácticas no le atraen. Por el contrario Simagin intenta siempre vencer al enemigo mediante planes estratégicos; crea unas posiciones aparentemente insatisfactorias desde el punto de vista formal. Pero ventajosas y firmes, como lo demuestra un detenido análisis posterior.

 

Tanto en la biografías como en las revistas de los ajedrecistas, es tema central de los estudios constituye el estilo del juego. El juego del ajedrez es un amplio campo para la manifestación de la personalidad y de los múltiples métodos de creación. Los torneos ajedrecísticos atraen a los aficionados con fines mucho más profundos que la simple “aritmética” de la competición.

 

El jugador de ajedrez debe dominar dos armas principales: saber calcular las combinaciones y valorar debidamente las posiciones. O sea, el cálculo y la valoración.

 

Una buena combinación es fruto del cálculo y un plan estratégico de posiciones se fundamenta en la correcta valoración del dominio de las piezas en juego. Por esta razón, se habla frecuentemente de dos estilos: de “Combinación” y de “Posición”. Pero esta clasificación es superficial, unilateral y no proporciona una idea clara respecto a la personalidad creadora del jugador.

 

Cualquiera que sea la situación, deben “calcularse” las jugadas, pero el 99 por 100 de los casos es imposible calcular todo hasta el final. Este cálculo es reemplazado por la valoración de las posiciones originadas.

 

La diferente capacidad para el cálculo y la valoración, más unas determinadas cualidades, decisión o indecisión, paciencia, etc., crean una amplia gama de estilos.

 

Al enjuiciar la calidad formal de Simagin, nos llama la atención la gran cantidad de combinación, lo cual induce a obtener la errónea conclusión de que es un jugador con estilo “combinativo”. Pero analizando mas a fondo sus mejores partidas, el lector se dará cuenta de que muchas de estas combinaciones no se han producido ocasionalmente, como consecuencia de una rápida ojeada al tablero, sino que sólo han sido posibles gracias a una original y profunda valoración de la posición. Con objeto de aclara esto, nos remitimos a un ejemplo práctico: en la partida núm. 5 es sacrificada una torre a cambio de una pieza de inferior categoría, apoyándose en el criterio de que la estructura de peones facilitaba la acción de las piezas de gran movilidad y dificultaba, en cambio, el movimiento de la torpe torre.

 

En nuestra opinión, las partidas de Simagin son interesantes por su acusada personalidad unida a una armónica conjugación del juego de “combinación” y “posición”. Es necesario añadir que el autor del presente libro fue un excelente analista, especialmente por lo que se refiere a las aperturas -Simagin hizo una considerable aportación a la teoría de las aperturas- y su asombrosa capacidad para analizar las partidas aplazadas.

 

Las mejores partidas del gran maestro Simagin, recopiladas en este volumen, servirán sin duda, como excelente material de estudio a numerosos lectores y harán las delicias del verdadero aficionado al arte del ajedrez.

 

M. BEYLIN.